Dec 20 2009
Una navidad sin retorno

…cuando él miró hacia atrás se dio cuenta que no había retorno, por lo que nuevamente volvió la mirada hacia el frente y continuó con su pesado andar. El paisaje boscoso, tupido en su totalidad por densas capas de nieve, le parecía triste y generaba en él sentimientos de incertidumbre y desconcierto. Siendo el destino el único culpable de su extravío y soledad, el tipo comenzó a examinar todo lo que lo rodeaba como quien busca aquellas respuestas que, en momentos como esos, suelen ser fundamentales. Inesperadamente, un cuervo se posó sobre una de las tantas ramas del enorme pino, alborotando las agujas del árbol y provocando la caída de nieve sobre el pesado abrigo negro del individuo; mirando fijamente al animal a los ojos, el hombre comenzó a sacudirse violentamente, mojando sus guantes de piel negra; paulatinamente sus manos comenzaron a sentirse frías acrecentando en él aquel sentimiento de soledad y duda. “Fuera de aquí” exclamó iracundo el individuo“¿ Por qué no eres capaz de compadecerte de mí? Me halló perdido y no encuentro el camino; estoy cansado, hambriento y muero de frío”. El cuervo graznó y lo continuó observando detenidamente.
Cuando finalmente el hombre se calmó, se sintió profundamente decepcionado por aquel desagradable episodio con el ave. Tallándose fuertemente los ojos, desconsolado, el individuo reinició su andar: La repugnante idea de haber esperado la comprensión del implacable y oportunista animal circundaba y torturaba su mente; nuevamente él mismo se situó en un pasado que lo impulsó a emprender tan cruel viaje de invierno. Lo que comenzó como un lamento hacia su creador y semejantes, degeneró drásticamente en el patético anhelo de ser compadecido por una bestia.
El silencio del bosque comenzó a encrudecerse y el sol inició su descenso. El hombre comenzó a sentir miedo ya que, después de tanto tiempo recorrido, finalmente se encontró asimismo completamente solo con sus pensamientos.
La noche era densa y la nieve no paraba de caer; él no tenía la intención de detenerse pero su cansancio lo obligó a hacerlo. Inevitablemente, el episodio con el cuervo regresó a su mente por lo que, por inercia, éste se llevó la palma de la mano izquierda a la frente y su mirada se extravió; seguido de aquel acto involuntario, el individuo comenzó a llorar. Luego de breves instantes, limpiándose las lágrimas con su brazo, el hombre se sintió muy tranquilo y sumamente complacido pues hacía mucho tiempo que no rompía en llanto; recordó, inevitablemente, aquel conmovedor momento en su juventud cuando él, mientras disfrutaba plenamente de una de esas óperas donde los protagonistas entregan voluntariamente su vida en nombre del honor y del amor, se sintió libre y silenciosamente lloró. Como quien se desprende de una carga pesada, Alioth se puso de pie y miró el estrellado cielo: Extrañado, se dio cuenta que las densas nubes se habían retirado y visualizó el paisaje que la luna iluminaba; a lo lejos, pudo divisar una luz muy tenue y decidió caminar hacia allá. Durante el camino, Alioth hizo varias paradas para contemplar el hermoso panorama y se juró asimismo retomar su existir y no permitirse volver a morir en vida, sintiéndose una especie de marioneta del destino, de los hombres e, inclusive, de su tan mal entendida divinidad.
Mientras Alioth se iba aproximando a la luz, descubrió que aquel ligero destello provenía de una vieja capilla construída a base de piedra y en el interior se oficiaba una ceremonia religiosa; Cuando por fin llegó al marco de la puerta del antiguo inmueble, Alioth nuevamente se acongojó y, en voz baja, comenzó a glorificar al elegante cuervo que hizo posible el tan añorado milagro navideño. Mientras tanto, el sacerdote en su sermón apelaba a la capacidad del hombre para vencer el enajenamiento y la autocompasión, con el fin de forjarse un destino propio sustentado en la libertad, voluntad, reflexión, discernimiento e intelecto que, desinteresadamente, fueron otorgados por el creador, a lo que Alioth asentiría con la cabeza y pronunciaría un sincero ¡ Que así sea!
Written by Gerardo Hoth