Sep 28 2008

Manon Lescaut en el Teatro de la Ciudad

Published by Gerardo at 7:19 pm under Ópera

El monumental Palacio de Bellas Artes se encuentra en restauración, acción que despertó en mi curiosidad e inquietud en cuanto al destino de las funciones operísticas dentro del Distrito Federal particularmente; para fortuna de todos aquellos que presumimos ser fanáticos de la ópera, finalmente se acordó declarar al Teatro de la Ciudad como cede alterna del máximo recinto cultural; es por eso que el jueves 25 de septiembre, engalanado, emocionado y con amplias expectativas, acudí al foro provisional para presenciar la función operística de “Manon Lescaut”, escrita por el maestro italiano Giacomo Puccini.
Al llegar al antiguo teatro, antes bautizado como “Esperanza Iris”, la desorganización tanto de los Valet Parking como del personal de taquilla no se hizo esperar: Por un lado la logística vehicular de los primeros era nula y provocó un severo congestionamiento a lo largo de la calle de Donceles, por el otro, decenas de personas bien vestidas aguardaban frente a las puertas del recinto a que éstas fueran abiertas para poder ingresar al mismo. Finalmente, después de varios minutos de ardua espera, se nos permitió el acceso al lugar.
Una vez dentro del vestíbulo, me dirigí hacia la barra de bebidas con el fin de ordenar un buen vodka tonic; casualmente ahí yacía un grupo de franceses quienes, sumamente indignados, regañaban al “barman” por tratar éste de abrir una botella de vino con un pica hielo. Apenado y adolorido por las carcajadas que aquella acción provocara en mí, ingresé a la hermosa sala y muy reflexivo tome asiento. Por fin la ópera inició y bajo la batuta del maestro Guido Maria Guida los primeros acordes de la orquesta sonaron y el telón se elevó, descubriendo así la bella escenografía que simulaba el pequeño pueblito francés donde transcurre todo el primer acto. Al respecto tengo que elogiar la hermosa interpretación del aria “Donna non vidi mai” por parte del tenor Richard Bauer en el papel de Des Grieux; soy de la idea que aquella aria es crucial para redefinir el encuentro entre Manon y Des Grieux, despertando así la afinidad y comprensión entre el público y el personaje.

Seguido del primero y de un breve intermedio, comenzó el segundo acto: Digna de ser elogiada, la magnífica escenografía se componía esta vez de espejos, balcones, portones y columnas que simulaban el palacio propiedad del viejo recaudador Geronte. Durante ese acto me emocionó la forma en que se representó el momento en el cual, dado su aburrimiento y nostalgia por la pasión que la imagen de Des Grieux le generaba, Manon era entretenida por un sequito de cantantes, músicos y un singular maestro de baile estrafalariamente vestidos a la usanza barroca.
Para el tercer y cuarto acto me sentí extremadamente vinculado con la historia: Aquella escena en el puerto donde Manon iba a ser deportada junto con una decena de prostitutas a América, causó en mí profunda indignación y tristeza; fue un momento en el cual el público en general se sentía estrujado por las súplicas de Des Grieux y el maltrato de las autoridades hacia las prisioneras. De igual forma, en la última escena del acto final donde Manon yace sola en el desierto de Nueva Orleans, observé como la extraordinaria interpretación del aria “Sola, perduta, abbandonata” por parte de Verónica Villaroel, provocó en varios de los asistentes una lágrima.
El elenco estelar de la ópera se compuso de la siguiente forma:

Manon Lescaut: Verónica Villarroel
Renato Des Grieux: Richard Bauer
Lescaut: Jesús Suaste
Geronte di Ravoir: Arturo Rodríguez
Edmondo: Carlos Arturo Galván
Maestro de Baile: Luis Alberto Sánchez
Hostelero: Miguel Hernández Bautista

En términos generales, estimados lectores, aquella gala operística me dejó sumamente satisfecho y me pareció excelente que Richard Bauer interpretara a Degrieux en lugar de Alfredo Portilla, dado la tesitura que el personaje requiere.
Definitivamente el elenco, las distintas escenografías, la orquesta y el coro estuvieron muy bien, sin embargo el trato y el servicio por parte del personal del teatro y la organización de las autoridades competentes desprestigian y le restan valor, presencia y elegancia a este tipo de eventos.
Los exhorto por este medio a que acudan a la próxima función operística y les recomiendo que, una vez terminada ésta, aprovechen la ocasión y acudan al bar del hotel “Four Seasons” para disfrutar de un rico cocktail “Oaxaca”, preparado a base de mezcal de alipús, mientras intercambian impresiones con sus acompañantes.

“La ópera es el mejor culto religioso existente por su incuestionable unión entre la divinidad y lo terreno”

Written by Gerardo Hoth

No responses yet

Trackback URI | Comments RSS

Leave a Reply