Jul 23 2008
París siempre será París I

El día que arribé la Ciudad de París, el lunes 14 de julio, se conmemoraba un aniversario más del inicio de la Revolución Francesa, es decir, de la famosa Toma de la Bastilla. Recuerdo que inmediatamente después de bajar del avión, me sentí un tanto relajado de dejar atrás la conflictiva Ciudad de México y hallarme, por el contrario, en la capital francesa; el plan inmediato era sencillo: Tomar el tren “RER” que conecta con la línea uno del metro parisino y bajarme en la estación “George V” donde, a escasos pasos, se encontraba el hotel Príncipe de Gales en el cual yo me hospedaría.
Una vez sentado en el metro se nos informó que, dado las fiestas patrias, la estación “George V” y “Champs Elyseé” permanecerían cerradas hasta nuevo aviso, por lo que abandoné el vagón en la parada “Charles de Gaulle”; al salir de los túneles subterráneos con mi maleta, pude observar miles de vallas a lo largo de la avenida Campos Eliseos restringiendo el paso a miles de turistas y resguardando a los cientos de tanques, soldados y jeeps militares que ahí yacían; admito que me sentí un tanto desafortunado, ya que justo del otro lado del Arco del Triunfo se encontraba mi hotel, lo que me obligó a buscar una vía alterna; ingenuamente me dirigí a las vallas para preguntarle a los oficiales sobre otra ruta a la tan anhelada avenida Jorge Quinto y paulatinamente me fui introduciendo en un tumulto del que aparentemente no había salida: Ríos de gente me empujaban por ambos lados y me regañaban por pegarles sin querer con mi maleta. Finalmente, pude escapar de la “zona cero” y, gracias a las indicaciones de un amable soldado, llegué 40 minutos después a mi destino.
Yo me encontraba harto, sudado, cansado y muy frustrado por haber salido del tumulto azteca para ingresar al tumulto “parisien”, pero en cuanto mi pintoresca habitación estilo Luis XIV me fue asignada y salí a la amplia terraza de la misma con una Perrier helada en la mano, todo cambió: Atravesando el hermoso cielo azul de aquel día, pude visualizar a los cientos de helicópteros, aviones caza y paracaidistas que rendían tributo al inicio de un periódo histórico que redefinió el rumbo y el pensamiento mundial. Fue entonces cuando mi reflexión no se hizo esperar: “A pesar de todo el caos hoy vivido, París siempre será París.”
Written by Gerardo Hoth