Jul 07 2008
Cluny le bar
¿ Será el acordeón que se escucha de fondo en aquellos cafecitos que hacen a Paris tan especial? ¿ Será el arrastre tan único y elegante del idioma que sensibiliza hasta al más escéptico y hermético hombre sobre la faz de la tierra? o ¿Será acaso la huella cultural que denota la abundancia y riqueza de otras épocas que quedaron tan singularmente plasmadas en cada pared de Paris y que son transmitidas por la elegancia de las mujeres que, en tacones y boinas, caminan junto al Sena, dejando ver de manera sigilosa que su único verdadero amor es su ciudad, París?
No lo sé, seguramente el conjunto de todos esos factores logra que cuando uno recuerda la bella ciudad, se nuble la vista y el corazón gracias a una celosa nostalgia provocada únicamente por ésta.
Definitivamente considero que París es la mezcla perfecta entre minuciosos detalles gastronómicos y un servicio de excelencia; es por eso que en cada bocado de un calientito “ croc madame”, uno puede identificar el toque e influencia de personajes como Escoffier, Catalina de Médicis, María Antonieta y el inconfundible timbre pasional de Edith Piaf que nos recuerda que la vida es rosa.
Al sur de nuestra Ciudad de México, en Avenida de la Paz para ser precisa, existe una esquinita que alberga un extraordinario bar parisino. Ambientado con pinturas de Alfons Mucha, el “ Cluny le bar” ha redefinido el significado de servicio; el mesero del lugar, por ejemplo, lleva bastante tiempo trabajando ahí y me impresiona como éste invariablemente lo recibe a uno con una sonrisa inigualable, ofreciendo un menú que plasma de manera clara y sencilla, las especialidades del lugar extraídas de la capital francesa. El menú incluye un listado amplio de vinos tanto de Francia como del nuevo mundo y particularmente puedo decir que he descubierto la “ petite france” en dicho bar, ya que se preparan, en una mini cocinita, manjares sencillos como el “croc monsieur” o canapés surtidos que brindan, por alguna ranurita del exquisito pan, olores característicos de París; olores que nos dejan sentir por un momento una bella nostalgia que explica cómo no siempre es necesario tomar un avión para arribar el lejano país.
Written by Leonora Guerra
