May 31 2008

Shiloh en el Hotel Habita

Published by Gerardo at 9:58 pm under Eventos

Las montañas siempre han sido un desafío para el ser humano, un encuentro espiritual, una reconciliación personal, una motivación, el despertar del deseo perdido y de pasiones olvidadas; descender de la montaña ha representado para algunos un renacimiento. Desde el preclásico se exlataban los vínculos de la montaña con lo sobrenatural; se decía, inclusive, que el interior de la montaña simbolizaba la fertilidad en su conjunto.
El pasado 7 de mayo en el Hotel “Habita” de la Ciudad de México, arribó un hombre que gran parte de su vida se vio envuelto en un sector de la población mundial muy decadente; abogado de profesión, Mayer Chomer ingresó al Hotel a pasos pausados y con una mirada brillosa y húmeda característica de quién ha tocado el cielo. Se acercó a nosotros y por varios minutos el único sonido que circulaba era el de su voz, dándo vida a relatos y a una experiencia en específico que transformaría su vida en un instante. Nos relataba cómo al bajar de una montaña en India, visualizó en un momento de claridad y silencio, sus anhelos, sus pasiones, su verdadero y único deseo:” Amar y trabajar la tierra de Shiloh para poder compartir los olores y sabores de Jerusalén con el resto del mundo”.
Las bodegas de Shiloh, ubicadas al noreste de Jerusalén a una altura de 800 metros sobre el nivel del mar, se encuentran rodeadas de verdes colinas que llegan a extenderse entre el Mar Mediterráneo y el Desierto de Judea; con un suelo fértil y un clima desértico, éstas producen los vinos Shiloh Shor, Shiloh Sod, Shiloh Chardonnay, Shiloh Rosado y Shiloh Partu.
El vino que recuerdo con mayor nostalgia, debido al plácido sabor que me fue provocado, fue el Shiloh Shor 2005 compuesto en un 82% por Merlot y en un 18% por Shiraz; aún así, aclaro que todos los vinos catados aquella noche mostraban una personalidad y genuinidad interesante.
No cabe duda que los vinos de Shiloh, así como la personalidad de su creador, quedaron plasmados en mi memoria, no sólo por el agradable sabor impregnado en mi paladar, sino tambíen por aquella montaña testigo del renacer de un hombre que pudo, finalmente, convertir su sueño en realidad.

Concluyo así, mi reseña con estas palabras del Talmud:” El vino alegra el corazón de los hombres”.

Written by Leonora Guerra

No responses yet

Trackback URI | Comments RSS

Leave a Reply