May 30 2008

Eugene Onegin en el Palacio de Bellas Artes

Published by at 10:01 pm under Ópera

Emocionado y con muchas expectativas acudí el jueves a la función operística “Eugene Onegin” de Piotr I. Tchaikovski en el Palacio de Bellas Artes. Reconozco que me decepcioné un poco cuando fui informado en la taquilla del recinto que el tenor Ramón Vargas no iba a cantar por motivos de salud y que su reemplazo sería el tenor Arturo Chacón; aún así me engalané y acudí a la misma ansioso de presenciar en vivo, por primera vez, una ópera del famoso compositor ruso. El elenco estaba compuesto de la siguiente forma:
Eugene Onegin – Jorge Lagunes
Vladimir Lensky – Arturo Chacón
Tatiana – Karine Babajanian
Olga – Guadalupe Paz
Príncipe Gremin – Tamás Bátor
Como siempre ingresé al estacionamiento por la complicada Avenida Juárez, estacioné mi automóvil y finalmente cruce la bella explanada de mármol para entrar al hermoso palacio. Al dirigirme hacia el palco donde mi lugar aguardaba, me dio mucho gusto poder intercambiar saludos con la Sra. Pepita Serrano, pieza valiosa dentro del amplio medio operístico en México.
Ya una vez sentado en mi butaca la ópera comenzó y, entre bailes, vestidos de gala y cantos, el” festín” se sirvió: Mis expectativas fueron rebasadas en su totalidad y considero que todos los ahí presentes presenciamos un verdadero duelo de talentos. Para empezar la decepción que la ausencia de Ramón Vargas me causó, se extinguió con las primeras notas cantadas por su sustituto; de hecho el aria interpretada al final del segundo acto por su personaje, minutos antes de perder la vida a manos de Onegin, “Kuda, kuda, kuda viu udalilis”, provocó una oleada de efusivos aplausos por toda la audiencia.
“Excelentes” es el adjetivo que me atrevo a emplear para calificar al barítono Jorge Lagunes y al bajo Támas Bátor; el eco de sus voces resonaba fuertemente en toda la sala. El primero logró transmitirnos el arrepentimiento y la sin razón que el matrimonio de Tatiana con el príncipe Gremin ocasionaba en su corazón, mientras que el segundo nos mostraba la profundidad y grosor del amor por su esposa. La soprano Karine Babajanian, mediante la voluptuosidad de su tesitura, nos cautivó y nos reveló los sentimientos más profundos de una mujer enamorada. Por su parte el resto del elenco, el coro y la orquesta nos trasladaron a un mundo de mucha pretensión, naturaleza, sensibilidad, ostentosidad y lujo.
Lo única crítica negativa que voy a realizar es la pobre escenografía que se montó; aún cuando los recursos son limitados, la falta de imaginación y creatividad es palpable. Una tarima inclinada con una tablatura proyectada en ella y rodeada de girasoles de papel, no crea ningún tipo de ambiente sino, por el contrario, trasmite dudas. Basta con presenciar óperas internacionales cuyos escenarios son muy sencillos para visualizar la mediocridad del escenario del jueves.

Written by Gerardo Hoth

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